sábado, 31 de octubre de 2026

 A veces, los verdaderos monstruos están en casa


Tipos de maltrato infantil intrafamiliar: Aprende a identificar las señales
El hogar debería ser el lugar más seguro para un niño, pero lamentablemente no siempre es así. El maltrato infantil intrafamiliar ocurre cuando las personas encargadas del cuidado y protección del menor vulneran su integridad.
Para poder prevenirlo y actuar a tiempo, el primer paso es conocer sus distintas manifestaciones. Estos son los 5 tipos de maltrato que existen en el entorno familiar:
1. Maltrato físico
Es cualquier acción que utiliza la fuerza y causa un daño corporal o pone en riesgo la salud del menor.
  • Ejemplos comunes: Golpes, empujones, quemaduras o castigos físicos severos.
2. Maltrato psicológico o emocional
Es una de las formas más invisibles pero destructivas de violencia. Ataca directamente la autoestima, la seguridad y la salud mental del niño.
  • Ejemplos comunes: Insultos, humillaciones en público o privado, descalificaciones constantes, amenazas y el rechazo afectivo.
3. Negligencia o abandono
Ocurre por omisión, es decir, cuando los progenitores o tutores no cubren las necesidades básicas que el menor requiere para su correcto desarrollo.
  • Ejemplos comunes: Falta de alimentación adecuada, descuido grave de la higiene, desatención médica, no garantizar la escolarización o dejar al menor sin la vestimenta necesaria para protegerse del clima.
4. Abuso sexual infantil
Implica cualquier tipo de interacción, estimulación o exposición de carácter sexual hacia un menor de edad por parte de un miembro del núcleo familiar, aprovechando la asimetría de poder y la confianza.
5. Exposición a la violencia familiar (Violencia vicaria o ambiental)
Aunque el niño no reciba un golpe directo, ser testigo de la violencia física o psicológica entre sus padres u otros miembros del hogar causa un trauma severo. El menor crece en un entorno de miedo constante que altera por completo su bienestar emocional.

domingo, 2 de febrero de 2025

 


HACIA DENTRO
En nuestro interior están muchas de las respuestas que buscamos en la mirada de los otros.
Las situaciones que nos angustian, que nos hacen sentir mal, que nos crean conflictos, son las que nos movilizan en esa búsqueda íntima y personal para la que solo nosotros tenemos la respuesta. La resiliencia se construye, se trabaja, se habita. nace del trabajo personal. Sin él, no podemos avanzar, no podemos re-crearnos. La carencia es ausencia, pero también motor de búsqueda y mejora. Si desdibujamos nuestra construcción, podemos sobre-escribir un punto de partida nuevo  desde nuestra propia historia. 




Me vi,
me vi por la espalda
hasta que no quedó nada de mí. 
Me vi por ahí despacio,
en la nada de mí.
Me vi por la espalda
y estuve a punto de atraparme
me vi, me vi
como si fuera otra yo misma,
una adivinanza de lo que fui,
ni tan siquiera esa nada de mi.

Marina Oroza - Pulso de Vientos.


sábado, 12 de noviembre de 2022

MEJORAR ES UN ACTO DE AMOR

 


La resiliencia surge de la interacción de las personas con el entorno en que viven. La llevamos a cabo a partir de desplegar nuestras estrategias adaptativas frente a las adversidades que nos plantea la vida. Construir a pesar del desastre, crecer frente la adversidad, sobreponernos a circunstancias que - en otro momento -.podrían ser devastadoras, forma parte de la actitud resiliente. 

Ser resilientes en determinados momentos de la vida, no nos convierte en resilientes per se; no es una cualidad que quede fijada en nosotros, sino que nos habla de que tuvimos esa habilidad en una circunstancia de nuestra vida, y nos confronta a la necesidad de seguir trabajando, creciendo, aprendiendo, y escuchando lo que sucede a nuestro alrededor y cómo reaccionamos frente a ello. Nunca como un factor de tensión y estrés, sino como la capacidad para aprender a vivir desde un lugar más sano. La necesidad de crecimiento personal, debería estar presente en cada uno de nosotros como ejercicio de salud psico-emocional.

No hay recetas para ese crecimiento. Cada cual lo lleva a cabo según la necesidad y el momento, pero la actitud resiliente nos acerca a aprender a controlar nuestros impulsos; a gestionar nuestras emociones frente a los conflictos de una forma más adecuada, mejorando, por tanto, la resolución de los mismos; a vernos con una mirada más amable y más centrada en renovar nuestra estima; a empatizar desde un lugar más honesto con el entorno y a escuchar a los otros desde sus necesidades, no desde la proyección de las nuestras. Avanzar y desarrollarnos como personas, es el primer gran aprendizaje desde la resiliencia. 

Montse Fornós

Noviembre 2022