lunes, 23 de marzo de 2020

QUÉ PODEMOS HACER PARA ENTENDER LOS EFECTOS DEL COVID-19 SOBRE EL EQUILIBRIO PSICO-EMOCIONAL Y COMO INICIAR UN CAMINO PARA TRABAJAR ACTITUDES RESILIENTES FRENTE ESTA CRISIS GLOBAL

Fotografía: Montse Fornós ©

Después de muchos años e investigaciones, nadie pone en duda que la resiliencia es una realidad confirmada: la capacidad del ser humano para afrontar experiencias traumáticas e incluso salir fortalecido de ellas, nos coloca frente a la realidad resiliente.

Ahora, frente a esta situación de emergencia mundial por el coronavirus COVID-19, los profesionales de la psicología, debemos saber cómo colaborar para ayudar a crear estos espacios de resiliencia personal, familiar, grupal, social y comunitaria para confrontarla entre todos de la forma más exitosa posible. 

A la amenaza de un virus, algo imperceptible al ojo humano, hay que añadirle otros factores de estrés: el constante bombardeo de los medios, la dificultad para filtrar el volumen y la veracidad de toda la información que se recibe, la percepción de que no todas las medidas son suficientes, el miedo que genera su avance, y la aparición de datos alarmantes; más la incertidumbre de la situación económica que este estado de alarma está haciendo pasar a muchos trabajadores y familias.

1) QUE SENTIMIENTOS SE ESTÁN MOVILIZANDO? 
Los primeros sentimientos que debemos confrontar son los de vulnerabilidadindefensión e incertidumbre.  La vulnerabilidad se explica en relación con algún tipo de amenaza, en este caso a la capacidad de enfermar por un virus (con un tipo determinado de virulencia, que amenaza la salud y en los casos más graves, también la vida, de toda una comunidad); más las consecuencias que esta situación conlleva en cuanto a pérdida de derechos (la libre circulación, como más significativo), de actividades diarias cotidianas, de pérdidas de trabajo y de poder adquisitivo.

Wisner (2003, pp. 11), definió la vulnerabilidad como “las características de una persona o de un grupo y su situación que influyen en su capacidad de anticipar, lidiar, resistir, y recuperarse del impacto de un peligro natural, un evento o un proceso natural extremo” [en At risk: natural hazards, people’s vulnerability and disasters (London, Routledge, 2003)]

El etólogo francés Boris Cyrulnik ha acuñado el término de "resiliencia comunitaria", que describe la capacidad de los pueblos para superar crisis y catástrofes. Entre sus pilares se menciona la autoestima colectiva, la identidad cultural, la honestidad, la solidaridad y el liderazgo comunitario, como una manera eficaz de afrontamiento.


2) CUIDA TU SALUD MENTAL DURANTE EL COVID-19
Unas sugerencias sencillas, pero claras, desde donde cada uno puede empezar a trabajar para mejorar la salud en general y potenciar sus factores resilientes.

- Diferencia entre daño y desafío : el daño está vinculado con nuestra valoración subjetiva de una posible amenaza, nos vulnerabiliza; frente al daño sentimos la disminución de nuestra potencia personal. Daño, lo asociamos a pérdida. En cambio, el desafío nos confronta con nuestra percepción subjetiva de afirmación, de aserción (Dryzun, J., 2006; Daño o desafío: posicionamiento subjetivo ante el trauma: en red) Parece que en esta crisis, hemos pasado a poner el daño en primer lugar, lo haya habido o no, y no acabamos de encontrar un giro en ese posicionamiento. El COVID-19 también implica un desafío personal y social que debemos atender.  Es un momento importante de cambio global frente a una amenaza real, que implicará muchas alteraciones y modificaciones a corto y largo plazo en el sistema establecido. ¿Dónde nos vamos a posicionar?

SUGERENCIAS PARA CUIDARSE: 

- APRENDE A TENER UN CUIDADO PERSONAL ESENCIAL:
1) No te aísles: si tienes esa posibilidad, los recursos actuales permiten tener un mayor contacto con nuestra red de amigos o familiares. Mantener vínculos, ni que sea a través de una llamada, es muy importante para la estabilidad emocional.
2) Busca información, en medios fiables, pero no te sobre satures de la misma. Un exceso de información, crea estados de pánico y angustia. Informados sí, pero con criterio.
3) Cuídate físicamente: no alteres tus pautas de descanso ni de alimentación. Y evita lo máximo productos nocivos para tu salud. La mejor defensa contra el virus, es tratar de tener cuidado de nuestro cuerpo. El tabaco, alcohol y drogas, son malos compañeros de viaje en este momento. 

- INDICACIONES BÁSICAS PARA EL CONFINAMIENTO:
1) Estableced una rutina básica. Estar confinado no significa dejar que el día pase, sin más, sin actividad y en pijama o chándal.
2) Ser disciplinados con esta rutina: por ejemplo, levantarse a una hora, ducharse, vestirse, -como si se fuera a salir-, como recomendación. Pensad que en nuestra vida las rutinas (como la laboral) nos estructuran tiempo, actividad y cabeza. Buscad vuestra rutina.
3) No descuidéis ni vuestra higiene ni vuestro aspecto personal. Forma parte de nuestra identidad.
4) No intentéis llenar el tiempo con muchas actividades como único fin de “pasar el día”. Hay que saber encontrar también espacios personales, tiempo para escucharnos, para disfrutar del silencio de las calles -desde tu ventana o balcón- para meditar, para entender desde qué lugar nos va a cambiar esta situación, para escuchar nuestro potencial resiliente, para hacer aquellas cosas que no podemos hacer habitualmente.
5) Cuidad vuestra alimentación, pensad que ahora no vais a quemar las mismas calorías que antes. Comed de modo racional para el desgaste actual. Evitad los atracones por ansiedad, y si los identificáis, intentad llevarlos hacia otro lado, como haciendo alguna actividad manual (trabajar con las manos, pone la energía y la atención en un punto y ayuda a reducir los niveles de ansiedad)
6) Trabajad con vuestro cuerpo, buscad formas de actividad diaria, movedlo, atendedlo, ésta en una situación extraordinaria de “no actividad”.
7) Cultivad vuestras pasiones: música, lectura, pintura, manualidades, punto, escritura, poesía... Y poneros creativos.
8) Mantened viva vuestra red social.

- SI DEBES ASISTIR A TU LUGAR DE TRABAJO:
1) Es importante para la gestión del estrés acumulativo:
- Definir y clarificar tu rol.
- Ajustar tus funciones al mismo.
- Evitar el perfeccionismo: en situaciones de emergencia, genera expectativas desmesuradas, desborda emociones, y no nos permite ver nuestros límites.
2) Trabajar en equipo, siempre que sea posible, ya que:
- Ayuda a estructurar y repartir las tareas.
- Da cohesión grupal.
- Nos permite a sentirnos menos solos en las tomas de decisiones.
- Determina las pautas concretas de actuación.
3) Escucha las señales de sobrecarga:
- Atiende a los turnos de trabajo y descanso
- Lleva a cabo rotaciones con otros compañeros
- Aliméntate bien
- Crea pequeños espacios libres de estrés: son muy importantes en momentos de sobrecarga.
- Pide ayuda de soporte y apoyo de profesionales cualificados, si lo necesitas.

Pensad que esto que nos toca vivir ahora, nos va a transformar, preparémonos para lo que vendrá y para saber donde querremos estar.
CUIDAROS MUCHO

Montserrat Fornós
Psicología General Sanitaria
Colegiada 9318


domingo, 25 de noviembre de 2018

REFLEXIONES EN TORNO A LA PEDERASTRIA EN LA IGLESIA



Carta abierta

Desde nuestro grupo de trabajo para el fomento de la resiliencia y procesos de desvictimización, queremos llevar a cabo una serie de reflexiones sobre la noticia aparecida en El País (08/11/18) en relación a las grabaciones al obispo de Salamanca y las declaraciones posteriores de Giménez Berrocal sobre la irrelevancia de los porcentajes de pederastia en la iglesia (El País 10/11/18)



Durante mucho tiempo, y vinculado a sus orígenes y a la necesidad del estudio de la figura del agresor en las diferentes disciplinas, no se mostró un interés especial por la circunstancia de las víctimas; pero, en la actualidad, prevalece la necesidad de comprensión y reparación sobre quienes han padecido o padecen esta situación. Es responsabilidad de todos evitar su mayor estigmatización. El juicio social que se construye sobre ellas no es más que el resultado de la falta de conocimiento sobre cómo maquinan las estrategias los agresores y sobre qué efecto causan sus acciones en las personas que las sufren. Esa ignorancia nos convierte, muchas veces, en tolerantes frente a situaciones cuya dimensión no acabamos de creer ni asimilar. La atención, escucha y amparo familiar, escolar y social deberían actuar como factores de protección y prevención frente a las situaciones de maltrato y abuso.  

Siempre que nos encontramos ante un proceso de victimización, hemos de hablar de una situación traumática que conduce a ello. Nadie debe poner en duda que un contexto de abuso sobre un niño lo es, independientemente de que este sea capaz de sentir en ese momento la realidad de las consecuencias a corto medio o largo plazo. Cuando este abuso, además, se lleva a cabo por un adulto que se ampara en su condición de representante de un estamento religioso o de cualquier institución educativa o deportiva, lo es doblemente: primero, por lo que el abuso en sí mismo supone para los límites del niño y para su integridad personal, psíquica y moral; y segundo, porque se perpetra desde una institución que debería velar justamente por proteger todos los valores antes mencionados. La responsabilidad, por tanto, recae sobre el adulto perpetrador, jamás sobre quien padeció el abuso.

Para la persona abusada no existen tiempos ni porcentajes. Existe una fractura del psiquismo cuando el trauma se produce y la necesidad de recomponerse y poder elaborar todo lo que implica vivir esa situación. Para cada afectado, ese tiempo de re-construcción es diferente, así como las necesidades y factores que ayudan a sanar la herida. Cuando el entorno no facilita opciones de cura, la dificultad es mayor. No todas las víctimas salen ilesas de sus heridas o reforzadas de las experiencias traumáticas. Además, para comprender mejor la difícil gestión del trauma, deberíamos sumarle las reacciones sociales que llevan a una victimización secundaria, que causan sentimientos de impotencia y soledad, agravando los síntomas y produciendo en la persona una sensación de indefensión aprendida, a modo respuesta. Muchas víctimas no denuncian o demoran su denuncia, por este motivo. Tenemos que  ser conscientes, por tanto, de cómo usamos el lenguaje y de qué mensaje social estamos dando al referirnos a estas personas y sus circunstancias.

Desde la inteligencia interpersonal tenemos el deber, la obligación y el compromiso de evitar, al máximo, esta fractura profunda de la víctima, que afecta no solo a la persona, sino también a su entorno. Nada de esto nos resulta indiferente.

Al tratar un tema tan delicado, poner el énfasis en el porcentaje de abusos acaecidos, implica deshumanizar a las víctimas. Cambiar personas por tantos por ciento no favorece la reparación, ni abre la posibilidad de buscar en la justicia restaurativa un camino. Lo mismo sucede cuando en el pensamiento de algunos representantes eclesiásticos prevalece aún la necesidad de requerir de la víctima la responsabilidad de una denuncia temprana o la insinuación velada de un silencio cómplice, moviendo el peso de la responsabilidad hacía un lugar equivocado.

Por todo lo anteriormente expuesto, mantenemos una postura firme, serena y solidaria de apoyo a las víctimas y de condena frente a los abusos. Apelamos a que se favorezcan actitudes de apertura y comunicación que nos permitan orientarnos hacia posturas más restaurativas, donde las personas afectadas tengan voz y sean escuchadas, y de las cuales se deriven mensajes inequívocos, contundentes e inexcusables, a favor de su sanación. 

Firmado por: Marta Carné; Albert Clemente; Susana Cuñado; Francisco Díaz; Montse Fornós; Montse Hidalgo; Miquel Monroig; Alicia Monterrubio; Mar Parramón; Eva María Peláez.

Noviembre 2018

ENGLISH VERSION
Open letter

For a long time, tied to its origins and the need of studying the figure of the aggressor in different disciplines, no special interest was shown to the victims’ circumstances. At present, though, what prevails is the need for understanding and addressing the harm caused to those who have suffered or suffer from such predicament. It is everyone's responsibility to avoid further stigmatization. The social judgment that is built on them is only the result of ignorance about how aggressors elaborate their strategies and what effect their actions cause on the people who suffer them. That ignorance makes us, many times, tolerant of situations the dimension of which we can hardly believe or assimilate. The ability to listen and the attention due to them, as well as the support of family, school and social milieu, should act as protection and preventing factors against situations of mistreatment and abuse.

Whenever we are faced with a process of victimization, we have to talk about what traumatic situation led to it. No one should call into doubt that a context of abuse to a child exists by itself regardless of whether or not the child is capable of feeling at that moment the reality of the consequences this will have in the short, medium or long term. Besides, when such an abuse is carried out by an adult finding protection in its capacity of representative of the Church, or any other educational or sporting institution, the abuse is twice as grievous. First, because of what the abuse itself entails for what the child can bear in its personal, psychological and moral integrity. Secondly, because it is precisely perpetrated by an institution that should take particular care in protecting all of the aforementioned values. The responsibility, therefore, rests with the adult perpetrator; never on the one who suffered it.

For the abused person neither time nor any percentage matters. There is a fracture of the psyche when the trauma occurs; and the need to put oneself back together and be able to elaborate all that is involved in living through that situation. For each of the affected, that time of reconstruction is different, as well as the needs and factors enabling the wound to heal. When the closer social or family setting does not provide healing options, the difficulty becomes greater. Not all victims come out unharmed from their wounds nor reinforced from traumatic experiences. In addition, to better understand the difficult management of trauma, we should add to it the social reaction that leads to a second victimization process, causing in turn feelings of helplessness and loneliness; thus aggravating the symptoms and creating as a response a feeling of learned defenselessness. Many victims do not report the abuse or delay exposing it for this reason. We therefore ought to beware how we use language and what social message is put forward when referring to these people and their circumstances.
From the standpoint of interpersonal intelligence we have the duty, obligation and commitment to make the most in avoiding the deep fracture of the victim; something which does not only affect the person itself, but also its close milieu. We are not indifferent to any of this.

Reading both articles, we believe that speaking of percentages implies dehumanizing those who have suffered abuse; equalling people to a percentage is taking a ‘fixist’ stance that does not favor a person’s reparation nor the possibility of searching for a path in restorative justice. This same happens when the thought of some church representatives is to demand responsibility from the victim in reporting abuse at an early stage, or the veiled insinuation of complicit silence, thus shifting the burden of responsibility to a mistaken place.

For all this, we uphold a firm, serene and solidary stand in support of victims and against all abuse. We appeal for attitudes of openness and unhindered communication to be favoured so that it may enable us to veer ourselves towards more restorative positions. In so doing, affected people may have a voice and be heard, so that from such attitudes may derive unequivocal, uncompromising and inexcusable messages favouring their healing.

Traducción: Eugenio Civera
Revisión: Ivo Bargalló





domingo, 23 de septiembre de 2018

La Construcción de sentido: Trauma relacional y Resiliencia.






Muchos autores creen que la base del sufrimiento que observan en los adultos, está en la infancia. Y hacen hincapié en la importancia del vínculo en la relación del niño con los adultos. René A. Spitz (1960) nos habla de la importancia de la comunicación para cambiar pautas de conducta en los "niños desposeídos". Sus estudios, hechos en los hospicios de la época, son la base de muchos otros que se realizarían posteriormente. Freud estaba convencido de que el origen del trauma se remontaba años atrás, en el histórico de la persona. Pero a la vez, como nos recuerda Boris Cyrulnik (2004), también creía en la posibilidad de reparación al hacer mención a la cicatrización reactiva. 

Que las heridas en la infancia dejan huella, es un hecho que se puede constatar en muchos espacios de trabajo terapéutico: lo que conocemos como trauma relacional. Este trauma inicial, siempre está relacionado a las figuras de apego. La disrupción de los vínculos de apego conduce a un desequilibrio homeostático en el niño cuya reparación esta sujeta a la calidad de relación que mantiene el adulto con él. 

A medida que las personas van desgranando su historia, surgen esas anécdotas, hechos, y situaciones que han contribuido a generar la(s) herida(s) en la infancia, que el paciente narra y con ello re-construye su historia. Son muchos los interrogantes que se abren ante nuestros ojos cada vez que alguien empieza a explicar(se) su relato. Construir desde el pasado pide, entre otras cosas, la necesidad de preguntarnos: ¿Por qué? con la esperanza de abrir más interrogantes. 

Muchas veces el paso del tiempo y la distancia hacen que podamos dar a esas preguntas un nuevo sentido, volver al origen, abrir las dudas, seguir preguntándose, sentir quien o quienes, incluso qué situación nos significó en el momento de sufrimiento, cuando creíamos que el mundo que nos rodeaba estaba ciego ante él. Hace tiempo me comentaba una persona: "Cuando yo era pequeña, los adultos que me rodeaban debían de ser todos una réplica de los tres monos chinos: no ver, no oír, no hablar." Excepto alguien que escuchó, y fue capaz de estar. "Mi vida cambió en ese momento, ya no me importaba el desprecio de mi madre, había otra 'madre' a la que podía querer, me decía que yo podía, que era lista, que era buena. Me libró de mi destino de mala hija." 

A veces es un gesto, una mirada, un acto de comprensión o de expresión de afecto, el que da otro sentido a la realidad que rodea al niño. Otorga un lugar diferente: potencialmente otra posibilidad de ser. Lo simbólico como poder y principio organizador que genera la posibilidad de volver a tejer el espacio maltrecho, para construir otro sentido de ser, una nueva identidad. "Ser y pertenecer" son herramientas poderosas para poder crecer y cambiar. Favorecen la resiliencia. Ayudan a formar la identidad.

Cyrulnik, Boris, Del gesto a la palabra, Barcelona, Gedisa, 2004


Spitz, René A. No y Si. Sobre la genesis de la comunicación humana. Buenos Aires. Horme. 1960